Guidada por el Señor

Por Eileen Dunnelly

“El Señor es mi pastor, nada me faltará…El me llevará por sendas de justicia por amor a Su nombre”.  Salmo 23:1,3.

Mi nombre es Eileen Dunnelly.  Yo nací en julio 5, del 1911, nací en una pequeña villa a las afueras de Montreal.  Junto a dos hermanas y dos hermanos crecí en un fiel hogar católico.  En la escuela aprendí las enseñanzas fundamentales de la Iglesia Católica dirigidas por monjas.  En julio del 1928, a la edad de diecisiete años, decidí unirme a mis maestras, y así yo poder enseñar también.  Yo pasé cincuenta y cinco años en el convento, donde el trabajo me gustaba, el cual me absorbió por completo.  Me asignaron a trabajar como maestra en Chicago, Illinois; Detroit, Michigan; Windsor, Ontario; Silver Spring, Maryland; y Montreal, Quebec.  Yo me sentía feliz y mi vida crecía como un río.  Había alzas y bajas, pero nunca pensé desanimarme o mirar atrás.

Fui llevada por otro camino

No fue hasta cerca del 1972 que vine en contacto con la idea de “nacer de nuevo”, creyentes a través del movimiento carismático.  Yo nunca tuve una Biblia y no había oido hablar de “nacer de nuevo” y los “frutos del Espíritu”.  Yo tenía mucho que aprender a regañadientes.  Comencé a ir a reuniones de oración, obligada por un compañero del trabajo.  En este tiempo después de haber estado enseñando por 38 años, me comprometí al trabajo social.

Lo que me atrajo más y que alimentó mi corazón y mi alma por semanas fue comprender que el deseo del Señor es que lo conozcamos y lo amemos íntimamente.  Esto me estremeció profundamente y me hizo continuar yendo a los círculos de oración de los creyentes que usaban los dones que el Espíritu les había dado.  A través de ellos me uní a un grupo pequeño de oración y poco a poco fui aprendiendo el camino de Dios.

Resistiendo la ventaja

Mirando hacia los años pasados, me rio de mi al ver la manera que el Señor ha usado para traerme a El y a Su rebaño.  Si el líder de este pequeño grupo de oración no hubiese sido como fue, yo me hubiese ido de allí porque los años que siguieron fueron los más cruciales que jamás viví.

Una hermana católica del grupo me dijo que el Señor le mostraba que la teología mía era incorrecta.  No me dio detalles y yo me sentí rechazada y sola; como una oveja perdida, indefensa de poder ayudarme a mí misma, yo quería saber en qué área yo estaba mal, pero no tenía ninguna contestación.  El Señor tiene las maneras de guiar a uno, y paso a paso El me llevó a la verdad.  Yo sé que sin no se hubiese hecho a Su manera el golpe hubiese destruido mi fe completamente.

El primer rompimiento fue en relación con la misa, donde yo encontraba alimento para mi alma, porque yo creía firmemente que Cristo estaba presente en la Eucaristía.  Desde la edad de 16 años nunca dejé de tomar la comunión diariamente.  Mi vida entera estaba centralizada en la Eucaristía.  Cuando el camino se me hacía muy difícil, yo me iba al tabernáculo “Cristo” para refuerzo y guianza y a pesar de mi ignorancia respecto a Su verdadera presencia allí, yo sabía sin duda alguna que El no le hacía caso a mi ignorancia y suplía mi necesidad.  Muchas veces tuve contestaciones tangibles a mi oración.

Un día, mientras oraba, empecé a cuestionar de esta manera, por años yo he estado recibiendo a Cristo en la comunión diariamente, ¿por qué tengo que depender de mis amigos y para el amor y respaldo que necesito en esta vida religiosa?  Estaba tomando un riesgo que podría ser la ruina, a menos que el Señor me protegiera.  ¿Por qué no conozco al Señor si El estaba presente en la Eucaristía que yo tomaba diariamente?  Yo me sentía engañada derrotada, como si algo poderoso me faltara en mi vida.  ¿Me sentiría yo culpable en alguna manera?  ¿Qué causaba este sentimiento de vacío, como si no se me contestara mi necesidad?  Hoy sé que mi Pastor es lento, pacientemente me guía para que descubra que El no se encuentra en la Eucaristía como yo he sido.  En Su tiempo yo lo aceptaré más fácilmente.  A través del líder del grupo de oración, uno que había sido católico, el cual había pasado por la oscuridad y encontró la luz, El Señor me mostró en qué yo estaba errada.  Al estilo de los irlandeses, yo me rebelé al pensamiento de creer que en la Eucaristía el Señor se manifestaba.  Basada en las palabras de la Biblia, yo argumentaba, “a menos que comamos la carne del Hijo de Dios, y tomemos de Su sangre, no tendremos vida en nosotros.  El que coma mi carne y tome de mí sangre tendrá la vida eterna; y lo levantaré en el día final”.  ¿Cómo yo, podía estar equivocada?  El líder siempre decía, “manténgase en el libro apóyense en la Palabra”.  En Gálatas 1:9 dice:  “Ya lo he dicho antes, y ahora lo repito:  Si alguien les anuncia un mensaje de salvación diferente del que ya recibieron, que sea puesto bajo maldición.  Si no está en la Biblia, no lo acepte no importa si es un ángel que se lo dice.  ¿Cómo pude aceptar esto?  Estaba en la Biblia.  ¡Decir que yo pelee es ponerlo fácil!  Si Cristo no estaba en la Eucaristía físicamente, entonces los cimientos estaban cayendo de mi vida espiritual.  ¿Qué quedaba?  Yo estaba destruida, pero el Señor me dio las fuerzas para no dejarlo todo.  Yo me quedé y continué peleando, oré, estudié hasta que acepté en obediencia porque el que me estaba enseñando era un sincero y obediente siervo del Señor Jesucristo.  El pasó por esto antes que yo y si el sobrevivió y amó al Señor como lo ama, entonces, ¿por qué yo no lo puedo hacer?  Mientras tanto, en términos inconfundibles, yo le dije al Señor, “Tu me tendrás que enseñar”, y ¡El lo hizo así!

Atraídos al Pastor

Un error tras otro me fue mostrado y realicé lo equivocada que estaba en mi teología.  El resto, fue fácil aceptarlo porque todo lo veía claramente.  Me sorprendo de como yo era, tan ciega.  Cuando toda tu vida has sido enseñada que la iglesia Católica Romana es la única verdadera iglesia y que todas las demás están en el error, tu no te vas buscando los errores.  Sencillamente no se le ocurre a usted que usted está siendo engañada.

El líder del grupo me dijo un día, “Eileen, ¿por qué no buscas la verdad?”  Dentro de mi, me sentí alterada y le dije:  “Hoy, ¿por qué no comienzas a buscar una diferente respuesta para dos más dos?  Esto no puede entrar a tu mente, porque tu sabes que la contestación es cuatro”.  En el pasado yo nunca cuestioné las doctrinas que me habían enseñado.  ¡No lo haré hoy!  Yo argumenté con monjas y sacerdotes como nunca me hubiese atrevido hacer antes.  En el proceso, yo comprendí que a menos que el Señor le quitara las escamas de los ojos, ellos no podrían ver la verdad.  Porque ellos viven en completa oscuridad.  Jesús dijo:  (Juan 6:44)  “Ninguno viene a mí, si el que El Padre me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Entendiendo la Biblia

Por muchos años, nunca poseí una Biblia por tal motivo era ignorante de la verdad que contenía.  Se en el grupo de oración alguien me pedía que leyera el Salmo 23, fácilmente buscaba en el génesis.  Un ejemplo es la devoción a María y los santos.  En la comunidad a la cual yo pertenecía, en diciembre 8 se celebra la Fiesta de la Inmaculada Concepción con pompas y esplendor.

Por años canté en el coro del convento repitiendo una y otra vez las palabras del Magnificat, “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”.  Nunca se me ocurrió preguntar por la frase “En Dios mi Salvador”, pero la verdad estaba allí para que todos lo vieran.  ¿Por qué yo nunca desperté a esta discrepancia?  ¿Por qué se le llamaba a María Inmaculada proclamando ella a Jesús su Salvador?

si ella necesitaba un Salvador entonces ella era tan pecadora como nosotros, siendo ella, una mujer tan buena como lo era.  De hecho, Cristo decía que era como nosotras en muchas cosas, menos en pecar.  Nuestras madres no nacieron inmaculadas, ni la de Cristo tampoco.  Cristo refutó la inmaculada concepción de María cuando dijo en Mateo 11:11; “En verdad les dijo que de toda la gente que ha vivido hasta ahora, nadie ha sido más grande que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.  María estaba viviendo este tiempo.

Más y más las falsas enseñanzas van cayendo.  ¿Qué de la aparición de Lourdes que se dice que es la Inmaculada Concepción?  ¡María no hubiese mentido!  ¡Entonces el que apareció, es el engañador, el padre de las mentiras!

Los católicos han sido obligados a creer esta mentira desde 1854 porque el dogma proclamado por los Papas “infalibles”.  En la epístola de Pablo a los Gálatas 1:8 el habla sobre esta decepción.  “Pero si alguien les anuncia a ustedes un mensaje de salvación distinto del que ya les hemos anunciado, que esa persona sea puesta bajo maldición, no importa que sea yo mismo, o un ángel venido del cielo”.  ¡Ahora veo claramente!  Este verso se puede aplicar al dogma de la ascensión de María a los cielos, proclamada por el Papa Pio XII.  Atentados de los Papas para proclamar a ‘María Mediadora de la iglesia’ contradice completamente la Palabra de Dios, la cual enseña que Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres.  (I Timoteo 2:5-6).

Próximamente viene la pregunta sobre el purgatorio y las misas que se suponen que libren las almas de sus sufrimientos.  Nada de esto es bíblico.  Un ejemplo que echa fuera de balance esta enseñanza es el ladrón en la cruz al cual el Señor le dijo: “Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”.  Todo una vida de pecado fueron quitados al instante que el ladrón reconoció y creyó en el Señor Jesucristo y le fue dada la promesa de vida eterna en el Paraíso ese mismo día.  Además el catolicismo enseña que el espíritu de la persona que muere se tiene que presentar ante Cristo y ser juzgada.  Se es salva, el alma es aceptada en los cielos, y si condenada al infierno.

En vista a estas enseñanzas, ¿dónde está la lógica en pedirle a los creyentes que hagan misas una y otra vez, por años?  Una persona que es salva no tiene necesidad de ellos y uno que está en pecado no puede tener ningún beneficio; ya que no puede ser redimida, si no se arrepiente.

Qué se puede decir de la misa.  En Hebreos 10:14 dice:  “De manera que con una sola oblación para siempre a los santificados”.  La Biblia dice claramente que “sólo Cristo perdona los pecados”.  Debemos confesar nuestros pecados directamente con El.  El Señor Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote y todo aquel que en El cree compartirá Su sacerdocio real.  No hay necesidad de indulgencias.  La Biblia dice en I Juan 1:7, “Y la sangre de Cristo Jesús nos limpia de todo pecado”.  El Señor Jesucristo pagó por completo todos nuestros pecados.  La lista de enseñanzas en contra de la Palabra de Dios es interminable.

Dirección Personal

En Isaías 48:20 yo recibí una dirección especial.  “Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos, con gritos de exaltación anuncial, proclamad esto, publicadlo hasta los confines de la tierra; decid:  Rescató Jehová a mi siervo Jacob”.  Confirmación de otras personas, me dejaron ver que tenía que dejar el convento.  Esto fue en diciembre 18, 1982.  En una semana yo había escrito una carta de nueve páginas a las autoridades y comunidad, diciéndole de todos los errores que yo había descubierto en la iglesia Católica Romana.  Dándole referencias bíblicas para respaldar lo que yo decía.  Yo no podía seguir viviendo en tanto engaño.  en diciembre 31, 1982 ya yo no era miembro de la comunidad y pedí que me relevaran de cualquier obligación.

Me dijeron que Roma no iba a considerar mis razones lo suficiente como para dejarme ir de la iglesia.  Yo les aseguré que iría a Roma personalmente si fuera necesario a hacer la petición.  Por fin consideraron la petición en junio 10, 1983, pero ya yo le pertenecía al Señor mucho antes.  El comenzó a ser mi Pastor a mi vida le pertenece a El.  Ya no seguiría las tradiciones de los hombres.

Se preocupa por mis necesidades

Un miembro del grupo Apostólico de Verdun, Québec, llamó  a la agencia social donde yo había estado trabajando por 13 años, solicitando por una asociación que se dedicaba a los pacientes que sufrían de la enfermedad de Parkinson.  Después de haberle dado la información, yo le mencioné a la persona que llamaba, que de acuerdo a su información, ella estaba rindiendo una labor más allá de sus obligaciones y le dije que el Señor decía:  “lo que hagas por uno de estos, lo haces para mi”.  Inmediatamente ella me dijo, “tu eres una cristiana nacida de nuevo, ¿verdad?”  Yo lo admití he insistí en que nos conociéramos.

El próximo domingo yo fui a la iglesia Apostólica, conocí mi amiga de teléfono y desde entonces seguí asistiendo a los servicios.  Nuevamente, el Señor me estaba guiando, proveyéndome en toda necesidad.

En julio 8, 1984, solicité ser bautizada después de meditar sobre el bautismo que yo había recibido en la iglesia Católica cuando yo tenía cuatro años de nacida.  ahora me doy cuenta que esto también no estaba de acuerdo a la Palabra de Dios.  Fui bautizada por el Pastor John Kristensen en julio 10, 1984.

Mi misión actual

Mi misión actual entre otras cosas es visitar los ciegos y los desamparados.  Frecuentemente oro por los que dejé en el convento que ellos puedan ser traídos a la luz de Su verdad.  El Señor continúa cumpliendo en mi vida el mensaje de un himno que dice, “Grande es Tu fidelidad…mañana tras mañana nuevas son tus misericordias.  Todo lo que he necesitad, tu mano lo ha provisto.  Grande es Tu fidelidad Señor par mí”.

Desde que dejé de trabajar, después de casi cincuenta y cinco años de enseñar y luego ir al colegio para cualificar para Trabajadora Social para los próximas veinte años, a la edad de ochenta años, todavía no he dejado de trabajar.  Al contrario estoy más ocupada en la obra del Señor, llevando las buenas nuevas de redención a través de la sangre del Señor Jesucristo.  Esto se ha hecho a través de cartas extensas escritas a personas que salen en las noticias, el periódico, los que he conocido personalmente, por teléfono, etc.  El Señor me da la Palabra.  Aquí tengo dos ejemplos.  Yo vi en el periódico local el retrato de una “prostituta” que trabajó por diez años en el oeste, ahora muriendo de AIDS.  Ella estaba atendida en un hogar de la comunidad.  El  periódico decía que ella se iba a casar con un hombre con la misma enfermedad.  Ellos parecía dos cadáveres.  Yo reconocí el lugar donde ella y su amigo se quedaban.  Pensando en la compasión que el Señor Jesucristo tuvo por María Magdalena al traerla a El, le pedí dirección al Señor para escribirle a esta mujer.  El periódico decía que ella ansiaba el día de su boda.  Donde ella vivía le hicieron el traje, le ordenaron el bizcocho, etc., y ella estaba contenta pero tenía poco tiempo de vida.

En mi carta me referí al gozo que ella sentiría en el día de su boda y le pregunté si ella quería que yo le hablara sobre un gozo grande, un gozo que nunca termina.  Luego le expliqué lo que quiere decir nacer de nuevo y el gozo en el cielo cuando una oveja perdida es encontrada por el Pastor (Señor).  Luego de haber enviado la carta, el periódico reportó que ella había suspendido la boda y se había ido con la madre.  La carta quizás fue usada por el Señor para que ella se la enseñara a su novio y también a su madre y otros.

El segundo ejemplo fue un reporte que dio el periódico sobre una mujer con la enfermedad de Lou Gehrig’s.  Ella también tenía poco tiempo de vida.  Su comentario fue, “por lo menos tengo tiempo para prepararme para la muerte”.  No me dieron su dirección pero el sacerdote católico vino a darle la comunión y yo llamé a la sacristía de la iglesia.  Cuando les pedí su dirección, les expliqué que yo pertenecía a un grupo de oración y que quería enviarle una tarjeta con saludos y oración, ellos me dijeron que ellos nunca daba direcciones.  Luego les dije que si le enviaba la tarjeta a la rectoría, si sacerdote le podía entregar la tarjeta a ella.  Esto me lo aceptaron.  En un sobre bien sellado le explicaba detalladamente sobre el sistema por obras que enseñaba la iglesia Católica Romana que no da seguridad de salvación hasta que usted está cara a cara durante el juicio.  Luego seguí con las buenas nuevas que es algo diferente.  Tus pecados han sido pagados a través de la muerte de Cristo en la cruz del calvario cuando Su sangre limpió todos nuestros pecados.  Seguridad de salvación es dada si creemos y aceptamos la salvación ofrecida.

La cosecha es grande

Yo he encontrado las maneras de llevar la verdad de salvación a miembros del gobierno, compartiendo en términos que no pueden refutar a menos que nieguen la verdad (Romanos. 1:18).  Un visitante, Pastor inglés, me pidió que escribiera mi testimonio para él publicarlo en mi pueblo.  Muchas iglesias me han invitad a dar mi testimonio y con la aprobación de mi pastor, muchos detalles he compartido con ellos.  Tan sólo podemos fielmente presentar el plan de salvación cuando tenemos la oportunidad y dejamos los resultados al Señor.  Es un privilegio trabajar en la viña del Señor.

Una vida de agradecimiento

Yo quiero que mi testimonio sea de alabanza y gracias a mi magnífico Pastor por Su misericordia y amor hacia mí.  El guía en todos los pasos y lo único que yo tengo que hacer es obedecer y seguir Su mandato.  Entre tantas cosas estoy muy agradecido por el hecho de que cuando El me llamó, el me dio las fuerzas y la voluntad para obedecer inmediatamente sin mirar atrás o cuestionar el futuro de cómo iba a bregar en este mundo estando sola.

Aunque yo había dejado toda la seguridad material, yo sabía que El estaba allí y yo no tenía por qué temer.  El nunca me dajará ni me abandonará.  El ha estado en cada pulgada del camino.  Hay gozo y paz en mi andar con el Señor.  a medida que pasa el tiempo, yo estoy más cerca del El y hay un deseo de conocerle mejor, amarlo más seguirlo a donde El me lleve.